“En el Paraixal, crecemos, sentimos y aprendemos”. Así resume el CEIP Plurilingüe Paraixal, en el barrio vigués de Teis, un comienzo de curso lleno de descubrimientos, emociones y experiencias en la naturaleza.

Superado el primer mes de clases, los niños y niñas de Educación Infantil han terminado su período de acogida y adaptación: un proceso que no empezó en septiembre, sino en junio, con las primeras convivencias en el centro.

Una acogida al ritmo de cada peque

En el Paraixal parten de una idea sencilla: cada peque necesita su tiempo para sentirse seguro, establecer vínculos y descubrir el colegio como un lugar donde crecer feliz. Por eso el período de acogida y adaptación no se improvisa en septiembre: arranca en junio, con unas primeras convivencias que permiten a los más pequeños conocer el centro, a sus maestras y sus espacios antes de que empiece el curso.

Ese cuidado se nota también en el día a día. La jornada comienza con una entrada relajada, un momento tranquilo en el que el alumnado llega al aula sin prisas y encuentra su espacio y su ritmo personal para empezar con serenidad. Es un tiempo de acogida que favorece el vínculo, la autonomía y la convivencia desde el primer minuto.

El resultado, pasado ya el primer mes, es un grupo de niños y niñas que ha hecho suyo el colegio, y que lo vive como un sitio seguro en el que explorar.

Aprender jugando: los ambientes de aprendizaje

El alumnado de Infantil disfruta de una propuesta educativa basada en el trabajo por ambientes, en la que cada espacio invita a explorar, experimentar y aprender respetando los ritmos individuales. No hay un aula única donde pasar el día entero: hay lugares con personalidad propia.

O Mar das Tartarugas. Es un ambiente tranquilo y acogedor, el aula de referencia, pensado para la calma, la concentración y el bienestar emocional. Reúne propuestas sensoriales y artísticas, minimundos, lógica, lectoescritura, biblioteca y espacios de calma y de encuentro.

O Mundo en Movemento. Un lugar para imaginar, crear y descubrir a través del juego simbólico, las grandes construcciones y la cocina.

Es una cocina real, donde los peques amasan, cortan y sirven, y donde ya han preparado deliciosas meriendas de otoño, como granada con yogur vegetal o manzana asada con canela. Con ellas han dado los primeros pasos en el proyecto de centro de este curso: «Da semente ao prato. Arte para coidar a nosa contorna« (De la semilla al plato. Arte para cuidar nuestro entorno).

O Fogar do Maxín. El espacio de creación y experimentación artística y sensorial, donde el otoño se transforma en inspiración a través de materiales, colores, texturas y propuestas abiertas a la imaginación.

De la escuela a casa: creando vínculos con las familias

Este inicio de curso también han querido acompañar las emociones de los más pequeños con dos propuestas muy especiales que viajaron del colegio a los hogares:

  • Los saquitos aromáticos. Cada peque eligió plantas aromáticas de la huerta del cole y pequeños tesoros del monte para llevarse a casa un trocito del olor del Paraixal. Un recuerdo que huele a colegio y que refuerza el vínculo afectivo con la escuela.

  • La crema mágica de la calma. Forma parte de las rutinas de bienestar emocional del centro. A través de pequeños masajes en las manos, respiraciones profundas y su aroma, los niños aprenden a relajarse, a reconocer las emociones y a recuperar la calma cuando más lo necesitan.

 

Son gestos sencillos, pero llevan al hogar lo que se vive en el aula y permiten que las familias formen parte de ese comienzo de curso.

Un inicio de curso con raíces

Todo esto ocurre en un colegio rodeado por el Monte da Buraquiña, que el Paraixal considera su aula viva y que cambia con cada estación. Ahora, con el otoño, el monte se cuela en las meriendas, en los saquitos de plantas y en las propuestas artísticas de O Fogar do Maxín.

 

Porque en el Paraixal saben que, antes de aprender, hay que sentirse seguro, querido y acompañado.

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