La Navidad ya se siente en el aire y, como cada año, uno de los momentos más esperados ha llegado: el anuncio de la Lotería de Navidad 2025. Este miércoles 12 de noviembre, Loterías y Apuestas del Estado ha presentado su nuevo spot bajo el título “Décimo enmarcado”, una historia que, una vez más, nos recuerda que los verdaderos premios de la vida no siempre se pueden contar en euros.
En un frío sábado de diciembre, Vero y Max pasean por el mítico Rastro de Madrid, envueltos en ese bullicio festivo que mezcla risas, villancicos, gorros de lana y el inconfundible aroma a castañas asadas. Entre puestos llenos de antigüedades y recuerdos, algo llama la atención de Vero: un décimo de Lotería de Navidad enmarcado, con treinta años de antigüedad.
Intrigados por la historia que esconde, deciden comprarlo por diez euros. Lo que parecía un simple capricho navideño se convierte entonces en el inicio de una pequeña aventura cargada de emoción, curiosidad y ternura.
Al examinar el décimo, descubren que se trata de un quinto premio del año 1995. Sin embargo, el misterio crece: ¿por qué alguien guardaría un boleto premiado sin cobrarlo? Las conjeturas se suceden —quizás un recuerdo familiar, una promesa o una historia de amor—, hasta que finalmente logran contactar con los antiguos dueños.
Y ahí llega el giro que toca el corazón. (Si no has visto el video no sigas leyendo y corre a verlo)
El décimo pertenecía a un abuelo que nunca llegó a cobrarlo. Al darle la vuelta, descubren el verdadero motivo: en el reverso estaba escrito un mensaje lleno de vida y emoción —
“Felicidades, papá. Vas a ser abuelo.”
La historia culmina con una frase que resume a la perfección el espíritu del anuncio y, sobre todo, el sentido de la Navidad:
“A vosotros os tocó un quinto premio; a la abuela y a mí, el Gordo.”
Más allá del azar, “Décimo enmarcado” es un homenaje a los abuelos que guardan recuerdos, a los hijos que continúan las historias y a las familias que dan sentido a cada Navidad.
Un recordatorio de que la verdadera suerte no se mide en dinero, sino en los abrazos compartidos, las risas alrededor de la mesa y los lazos que unen generaciones. Porque cuando la familia está presente, siempre toca el Gordo.










