La primera vez que cogéis el coche o el avión con un bebé de pocos meses, la tentación es llevarlo todo. El esterilizador portátil, varias mantas por si acaso, dos tallas de pañales, la almohada de lactancia plegable, juguetes… Y después resulta que lo que de verdad usa el bebé durante el trayecto es el chupete. Si aún no tenéis uno que os convenza, merece la pena ver chupetes BIBS antes de salir, porque en esto, como en casi todo lo relacionado con bebés, lo simple suele ganar.

Viajar con un bebé no es el drama que algunos describen, pero tampoco es como antes de tenerlo: requiere reorganizar cómo pensáis el equipaje, no solo aumentarlo.

La trampa de meter cosas «por si acaso»

Hay un tipo de ansiedad muy específica que aparece con el primer viaje familiar: la del «y si lo necesito y no lo tengo». El resultado suele ser una bolsa de mano que pesa más que la maleta y una maleta que no cierra del todo. En el destino, la mitad de esas cosas no se abren y el exceso de equipaje con un bebé no es solo incómodo, es agotador. Cada objeto de más es un peso que alguien tiene que cargar mientras el otro lleva al bebé, empuja el carro o busca el billete en el fondo del bolso.

Los objetos que sí hacen su trabajo

Para el trayecto, tres cosas que conviene tener a mano y no en el fondo de la maleta grande son: una muda de repuesto, pañales de sobra y algo familiar que el bebé reconozca, ya sea una muselina, un peluche pequeño o cualquier objeto que huela a casa. Si vais en avión, el chupete tiene un papel concreto durante el despegue y el aterrizaje: la succión ayuda a compensar los cambios de presión en los oídos, que en los más pequeños pueden volverse bastante incómodos.

Para el sueño fuera de casa, el truco no está en replicar el cuarto del bebé sino en mantener el ritual. El mismo saco de dormir, la misma rutina previa, y por supuesto, la misma canción si la hay. Los bebés se adaptan mejor de lo que pensamos cuando las personas que los cuidan están tranquilas y, sin duda, eso no está en ninguna maleta.

Antes del primer viaje largo también conviene echar un vistazo a la guía de preparación de vacaciones con niños de la Asociación Española de Pediatría, especialmente lo relativo al botiquín básico y a la documentación sanitaria, que es fácil de olvidar entre tanto pañal y muda.

Lo que podéis dejar en casa sin culpa

El esterilizador portátil se sustituye por agua hirviendo en casi cualquier destino, además, los chupetes BIBS pueden esterilizarse en su propia caja portachupetes. El monitor de vídeo sobra si dormís todos en la misma habitación. Y la ropa extra, más allá de lo razonable, también: los bebés manchan, pero las lavadoras existen prácticamente en todos los alojamientos familiares.

Menos objetos por miedo, más objetos por uso real. Esa es más o menos la única regla que funciona. Y el chupete, ese sí, siempre a mano si quieres tener al bebé calmado.